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Escritos Dispersos

HIRZMAN Y EL CINE SOCIAL

  
   Barbado, imperioso, sanguíneo, el rubicundo León Hirzman parece una mezcla de rabino y de orador de barricada. A su lado el actor y dramaturgo Gianfranco Guarnieri parece más reposado y melancólico, más reflexivo incluso.
    Sus films anteriores no se conocen entre nosotros, salvo alguna esporádica exhibición en perdidos cine-clubs o en funciones especiales plenas de las mejores intenciones. “A fallecida” (1965),  una previsible “A garota de Ipanema” (1967), “Sâo Bernando” (1973) fueron sus primeros largometrajes. Luego del éxito casi estrepitoso que le trajo aparejado “Ellos no usan smoking”, así como los premios que recibiera entre los cuales bastaría mencionar por ejemplo el premio especial del jurado del festival de Venecia de 1981, el premio de la Federación internacional de la crítica cinematográfica y el de la Oficina católica internacional del cine por “el coraje cívico y por la originalidad dramatúrgica (sic) en el abordaje de un problema político a través de una trama familiar”, la carrera de León Hirzman ha pasado a un indudable primer plano”.
     “Me interesa expresar las luchas de las masas de  mi país –comienza diciendo muy convencido-, la dinámica de la lucha de clases y la creciente organización de los sindicatos en su lucha contra la dictadura. Creo que mi film es un reflejo ideológico de esta realidad, realidad que no debe ser ocultada por ninguna penetración cultural”.
  Sus gestos son firmes como del que ignora la duda o la contradicción. A su lado –insistimos- Gianfranco Guarnieri es la imagen de la melancolía, compensada eso sí por una rotunda constitución física, donde la abultada barriga amenaza con arrastrar el último dique de contención de un botón metálico que resiste precariamente en un saco azul demasiado estrecho.
    Sobre sus comienzos y posibles influencias, Hirzman vuelve a ser rotundo: “¡Tudo! ¡Tudo el cinema!” y luego comienza una enumeración que atraviesa desde el previsible neorrealismo italiano al soviético Eisenstein, sus camaradas Pudovkin y Dziga Vertov, sus congeneracionales del “cinema novo” de los años sesenta Alex Vianey, Carlos Diegues, el veterano Nelson Pereira dos Santos. Luego de ello y cuando le preguntamos por el cine norteamericano nos dice nada menos que “todo el cine norteamericano clásico” aunque luego su memoria revolotea unos minutos y no termina de suministrar ningún director o tendencia.
    ¿Ha visto cine argentino? “No, absolutamente nada” Insiste entonces con el cine francés y se apuran los nombres de Jean Renoir y de su tocayo Vigo, el inevitable René Clair y demás “Tengo miles de films en mi cabeza, miles y miles, pero creo que el cine brasilero debe tomar su propio camino, insistiendo fundamentalmente en nuestra realidad sociopolítica, llegar a un realismo crítico que constituye una imperiosa necesidad”.
   Guarnieri responde a las mismas inquietudes con su respirar abotargado. “Mi mayor influencia como dramaturgo fue la creación del Teatro Arena, pero como todo partidario del realismo crítico la mayor influencia es la de Brecht, sus obras, sus escritos teóricos, sus puestas que durante años nosotros analizamos e intentamos incorporar a nuestra propia realidad”.
   Sobre la censura se muestran aún dubitativos. “Existe y mucha en Brasil. Tal vez ustedes –es indudable- están en un grado mucho peor que el nuestro, pero en Brasil se sigue ejerciendo y sobre todo en cuanto a los problemas que no podemos tratar.” ¿Cuáles? “La tortura, el militarismo, la represión en general”.
  Sobre sus próximos proyectos se muestran esquivos. “Nos vamos a tomar nuestro tiempo para escribir un film sobre el papel del intelectual dentro de la sociedad”, dicen más o menos evasivamente. Sobre “Ellos no usan smoking” piensan que se expresaron sólo en la medida en que la apertura de la censura cinematográfica del Brasil se los permitió. “Es una lucha, una lucha constante contra las fuerzas represivas y nuestro film es un reflejo de esta situación histórica”.
    Finalmente ambos declaran militar en el Frente Democrático Brasilero “un partido de masas” que reuniría “todas las fuerzas progresistas y democráticas que se oponen al gobierno militar”.
  Se despiden de nosotros. Hirzman todavía gesticula algún gesto combativo y tropical. Guarnieri –como un Sancho brasilero o una geisha- se queda a tres pasos detrás de su señor.

 

La Voz 1º de octubre de 1982.

Nota de esta edición: al otro día de publicada esta nota los reporteados se quejaron a las autoridades del diario pidiendo no sé qué sanción a mi persona.

 

© Ángel Faretta
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Teoria del cine
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