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Escritos Dispersos

“PASIÓN DE AMOR” (Passione d’amore/ Passion d’amour, Italia-Francia 1981) de Ettore Scola.

   El romanticismo fue una reacción antiliberal europea tras la decepción provocada por la revolución francesa que en casi todos los países europeos ocurrió a comienzos del siglo diecinueve, pero que se dio en Italia en los últimos cuatro decenios del ochocientos y con las peculiares características que un film como “Pasión de amor” –basado en una novela corta de Iginio Ugo Tarchetti 1841-1869- refleja en forma parcial pero con inteligencia.
    Narrado en primera persona “Pasión de amor” cuenta la abulia de un capitán del ejército italiano que tras ininterrumpidas batallas es enviado a proteger las nacientes fronteras italianas hacia 1862. En su primer destino toma como amante a una mujer casada manteniendo una relación que incluso en lo carnal está embebida de literatura romántica (cartas, descripciones, suspiros)
   La aventura es interrumpida por un nuevo destino en un lugar alejado del Piamonte en donde el capitán participa de la rutina cuartelera de un coronal aburrido, un médico positivista y escéptico y las tertulias estólidas de la pequeña aristocracia militar.
  El médico coloca a la vista una moneda de oro en cada una de las comidas y al ser interrogado por el romántico capitán acerca de su proceder, el otro responde: “Hace treinta años prometí que cuando no se hable una vez en la mesa de mujeres y de caballos regalaré esta moneda”.
   La pasión romántica del capitán se ha convertido ahora en un adulterio con sus fechas y encuentros reglamentados, la pasión se ha convertido en rutina y sólo la literatura puede ayudar a mantener la ficción de su permanencia. Como sabemos el amor tiene dos caras: una que mira hacia la vida y otra que mira hacia la muerte. Nuestro capitán al perder a Clara en el tedio de la vida se ve súbitamente impulsado a la aventura de la muerte, encarnada en Fosca,  una deforme mujer –prima del coronel, su superior- que con su máscara cadavérica, y sus manos esqueléticas expele el aliento mórbido de las cosas imposibles.
   Sutilmente Fosca va solicitando el auxilio del apuesto capitán, su amistad, su compañía. Ansía sufrir (ha subrayado un párrafo singularmente revelador en “La nueva Heloísa” de Rousseau, acerca del goce del sufrimiento) por no lograr la felicidad de “las mujeres normales”. Su apuesta a lo imposible es una busca de lo absoluto a través de la más completa satisfacción en el fracaso: una mística salvaje, o una “masoquista” como diría un ingenuo freudiano.
    Tras su ciclo de films sobre el reciente pasado italiano (“Nos habíamos amado tanto”, “La terraza”) Scola parece haber abandonado –afortunadamente para su obra- el lamento de los ideales perdidos por la generación izquierdista que participó en la resistencia.
  En “Pasión de amor” ha encarado por fin el melodrama, o sea la estructura fundamental del arte representativo italiano, y ha logrado un film que por momentos (especialmente su prólogo y epílogo) se acerca a lo excelente.
   El único error imputable a esta “Pasión de amor” lo constituye los tramos centrales en los cuales Scola describe la cristalización de este amor loco, operístico y desmelenado y precisamente sus fallas atienden a esto: tamaño desenfreno, tamaña pasión necesitaba una puesta en escena que sirviera de contrapunto estilístico a sus personajes. Scola elude el barroquismo, teme  -al igual que su capitán- quedar adherido a ese mundo deletéreamente mórbido, decadente y crepuscular. Su positivismo –al igual que el de su médico- le impide acceder a compartir los móviles de sus personajes y esta falta de identificación en el plano estilístico es lo que hunde a buena parte del film en el didactismo banal.
  Hay demasiado comentario verbal (Fosca es convertida en una escena en una suerte de precursora del “feminismo” cuando precisamente es todo lo contrario) Hay demasiados chistes antimilitaristas (estruendosamente festejados por el público porteño) que actúan como guiños cómplices de Scola a su público previamente adicto ideológicamente. Estos dos anacronismos dentro de un melodrama gótico llaman generosamente al tedio por su inútil obviedad.
   Pero también es ostensible que Ettore Scola (que tras éste film rodó “Il mondo nuovo” ubicado en el siglo XVIII y con personajes como Casanova o Restif) en “Pasión de amor” logra un film de visión obligatoria debido al aliento trágico de esta Fosca concebida por Tarchetti, uno de lo más malditos de todos los “scapigliatti”, los bohemios posrománticos italianos.

La Voz 22 de octubre de 1982.

 

   Nota de esta edición. Scapligliatti -literalmente “desmelenados”- es el nombre de los integrantes del movimiento estético-literario conocido como “Scapigliatura” que tuvo lugar en las últimas dos décadas del siglo diecinueve en toda Italia, aunque sus epicentros fueron las ciudades de Milán y Turín. El grupo originario estuvo constituido por Emilio Praga, Carlo Dossi, Iginio Ugo Tarchetti, Arrigo Boito -que fuera libretista de Verdi para “Otelo”- y su hermano Camillo, autor de la novela breve “Senso” que Viscontí llevaría al cine.  El nombre -tomado de una novela de Cletto Arrighi, “La scapigliatura e il 6 febbraio”-, intentó ser la versión italiana de la bohème parisina aunque con unos condimentos muy particularmente italianos.
   Acostumbradamente sus integrantes murieron de sífilis, tuberculosis –como Tarchetti- o de suicidio.
  Nuestro Tarchetti, ya que estamos, es digno de subrayar por haber incursionado en el relato fantástico, e incluso ésta su “Fosca” incursiona oblicuamente en ese ámbito.

 

 

© Ángel Faretta
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Teoria del cine
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