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Escritos Dispersos

BLANK RENIEGA DE LA CULTURA DE LA TELEVISIÓN Y DE LAS HAMBURGUESAS

   Acompañado por su inseparable ayudante, la rubia Maureen Gosling –quien se encarga por lo general de la compaginación y el sonido- llegó a Buenos Aires el director de cine norteamericano Les Blank para presentar un ciclo de sus films que se proyectan en el teatro San Martín y en ICANA.
   Blank fue presentado oficialmente el jueves pasado por la noche en dependencias del Centro Lincoln tras proyectarse fragmentos de tres de sus films.
   Blank se definió como un hombre profundamente interesado en las llamadas “culturas marginales” de su país –chicanos, cubanos, emigrados, negros, indios y demás- así como también por la música, la gastronomía típica y los personajes estrambóticos, aunque esto último puede correr por nuestra exclusiva cuenta.
   La primera de las paradojas –de la cual Blank se excusó tímidamente- es que no habla castellano a pesar de su interés por él y sus hablantes (al mayor parte de sus films se hacen con integrantes de esas comunidades) aunque reconoció leerlo y gustar de las novelas “sudamericanas”.
  Eludió todo tipo de definiciones y si bien las preguntas que se le hicieron durante el primer encuentro no fueron ni muchas ni por demás interesantes Blank se mostró –impresión que luego se haría más patente- como un tipo parco, serio y hasta distraído, precisamente todo lo contrario de lo que son sus films; lo cual es perfecto ¿no?
   Al día siguiente ya en una entrevista personal, nos volvimos a encontrar con Blank y su inseparable Maureen en la mesa que aún contenía las huellas de lo que fuera un desayuno.
  Blank siguió siendo parco y Maureen se reveló como una suerte de alter ego o de pitonisa por cuya boca salen las verdades de Blank. Es más, por momentos parecían que dialogaban entre ellos y hasta discutieron algún punto que no parece haber quedado resuelto en los diez años que dura ya su asociación.
   “Me interesó filmar Burden of Dreams (el film sobre el rodaje de “Fizcarraldo”) primero por mi amistad y admiración por Werner Herzog y luego por mi intento de mostrar el choque entre dos culturas diferentes, además de demostrar cómo la cultura de masas norteamericana, una cultura imperialista, está ahogando a estas manifestaciones...”
   Herzog afirma en una parte de Burden of Dreams que las culturas particulares están desapareciendo y que la única forma de totalización cultural sería la norteamericana.
  Y bien, le decimos a Blank, de eso no formaría parte el cine. “No, porque Herzog odia a Hollywood y a sus films”: Eso no tiene nada que ver –interrumpimos nosotros- sino lo que sus films dicen, y es obvio que todo el mundo que filme como Herzog mantiene una lógica fascinación por el cine norteamericano, por sus autores clásicos y demás.
   ¿No será –preguntamos a Blank- que él como tantos de sus compatriotas y colegas de los sesenta y tempranos setenta se sintieron avergonzados de ser norteamericanos y comenzaron a abjurar de su cultura entregándose a un “revisionismo cinematográfico?”
   “No, no –dice Blank- yo no me siento a disgusto de ser norteamericano sino me avergüenzo de la cultura televisiva, de la cultura de masas que hemos llevado por todo el mundo. La cultura de la coca-cola y de las hamburguesas, eso es terrible “
  De acuerdo –le decimos- pero volviendo a Herzog éste no vende ni gaseosas ni hamburguesas sino que hace cine, y el cine también es un producto norteamericano del cual sería tonto que un norteamericano se avergüence. ¿Si no qué haría con Griffith, con Ford con Howard Hawks y con Orson Welles? ¿Sigue pensando que son puro entertaiment?
  “No, me gustan esos directores aunque yo filme en otra dirección, también –agrega y para nuestro más puro horror- me gusta mucho Kubrick, pero yo me refiero a otra cosa...”
    Yendo a otros temas y para compensar un poco le expreso que si hay algo que precisamente se reprocha –y en general con mucha razón- a los norteamericanos es el criterio turístico con el cual se acercan a otros ámbitos culturales, a otros parajes en suma. “No, porque nosotros hacemos un trabajo cotidiano con aquellas comunidades que entrevistamos, vivimos con ello, vamos a tomar una copa, estamos en sus casas, tratamos de integrarnos.”
  Claro pero el ojo de la cámara fatalmente distancia. “Es posible pero en mis films -como por ejemplo “Chulas fronteras”, que está considerado como uno de los mejores films sobre chicanos- ellos no me ven como a un gringo sino como alguien muy compenetrado con su mundo.”
  Preguntamos luego a Blank si es religioso. “No en un sentido estricto –responde- creo en la vida, en la naturaleza”.
   ¿Panteísmo?
    “Sí”.
    Le preguntamos luego por la tradición documentalista de Robert Flaherty con la cual Blank admite tener similitudes de intenciones e intereses pero no de forma. “Flaherty armaba sus films, los planeaba, yo filmo lo que veo”.
   Hubo otros temas, pero fueron quizás más interesantes para quién esto escribe, lo que nos llevaría a extendernos y a desviarnos por otro rumbos, extensamente...

  La Voz, 26 de septiembre de 1983.

 

 

© Ángel Faretta
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