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Escritos Dispersos

SUSANNE LINKE: UNA COREÓGRAFA ALEMANA

A diferencia de Pina Bausch su “hermana mayor” en la danza alemana –según rezan los comentarios periodísticos- Susanne Linke –quien se presentó por primera vez en Buenos Aires es una danzarina solitaria en todos los sentidos.
Si Bausch utiliza todo un cuerpo de bailarines (a los cuales obviamente también dirige) y acomete creaciones que recurren –por ejemplo- a la desaforada presencia del mobiliario (en esto cabe recordar su alucinante número visto en la misma sala hacia mediado de 1980- en el cual arremetía con germánica precisión contra una monstruosa cantidad de sillas y mesas simulando un pesadillesco café vienés), Linke, por el contrario, presentó tres breves creaciones en las cuales está absolutamente sola en el escenario. Además los elementos accesorios no existen o aquí están reducidos al grado cero de su funcionalidad.

“Presentimientos” (Es schwant) un número que data del año pasado y que dura diez minutos presenta a Linke en una coreografía que mezcla la pantomima más ortodoxa con técnicas donde es por demás reconocible la presencia del mítico Merce Cunningham. Vestida con una suerte de traje de novia sobre el que se coloca un frac –que crea en el desierto escenario una helada presencia andrógina- y utilizando el tercer movimiento de la sexta sinfonía de Chaikovski –la “Patética”- como “fondo”, Linke recorre el escenario como una figura clownesca primero y luego en “planos detenidos” –si se nos acepta la imprecisa expresión- detalla algunos “simple” movimientos corpóreos (un pie que parece deslizarse en el espacio como un péndulo, un brazo que mima el movimiento de quien quiere desprenderse de una prenda, el frac en este caso) Finalmente lo “dramático” parece querer desencadenarse cuando la bailarina intenta desprenderse, ya violentamente, de la prenda superpuesta a su vestido de novia.

“En la bañadera” (Im bade wannen) también una creación del año pasado, y de una duración de unos veinte minutos, utiliza trozos de las maravillosas Gymnopédies y de En habit de cheval de Eric Satie para una tétrica historia danzada que comienza con un detalle que nos pareció fuera de lugar. Linke aparece al comienzo, de espaldas al público, sentada... en un water closet. Aunque no, si a esto se lo piensa dentro de cierta corriente de la imaginación alemana. Su constante apelación a la tautología fisiológica. Win Wenders en su “En el transcurso del tiempo” hace defecar casi en primer plano a su protagonista en un film que por otro lado no tiene nada de naturalista.
Luego Linke juguetea con la bañadera, salta sobre ella, hace toda serie de malabares con una técnica corporal indiscutible, y aquí con un final de una desoladora perfección.

La segunda parte se inició con “Metamorfosis” (Wandlung) del año 1976 y, según su autora, un homenaje a Mary Wigman una de sus maestras (al otra fue Dore Hoyer). Esta creación de diez minutos de duración recurre al sublime cuarteto de cuerdas de Franz Schubert “La muerte y la niña” y aquí Susanne Linke alcanzó la cima de esta presentación porteña. El tema mítico de “la muerte por agua” y sus correspondencias con los tópicos –que el romanticismo llevó casi al paroxismo- de la doncella como emblema de la Muerte, fue magistralmente trabajado por la bailarina alemana en su número más “puro” de danza. Sus pies y sus manos sugerían desde formas marinas (algas, aletas de peces, colas de sirenas) hasta los movimientos agónicos de un suicidio ritual.

Finalmente “Marea alta” (Flut) de 1981, de veinte minutos utilizó como “fondo” un extraordinario recurso. La grabación de un ensayo con Pablo Casals dirigiendo la bella “Elegía” de Gabriel Fauré. La cinta transmite las instrucciones del cellista de Pau en un francés deliciosamente catalanizado y la manera en que “tararea” gráficamente a sus músicos el ritmo del fragmento a ejecutar.
Paralelamente a esto Linke descorre un grueso rollo de tela celeste translúcida (posiblemente seda) de un lado al otro del escenario mimando nuevamente gestos de ahogo por agua, y desenrollando finalmente la tela que cubre por completo la escena y que por momentos –gracias a los movimientos dados por la bailarina- adquieren la ominosa belleza de las olas marinas.

Hay en este número notables pezzi di bravura. Como cuando Linke enrolla la tela hasta casi llegar a sus pantorrillas (de amenazante connotación), hasta el final, exacto, en que la tela es violentamente arrastrada desde fuera del escenario y la desolación con que la mujer contempla esta súbita fuga.
Notoriamente superior en su segunda parte, como ya hemos dicho, la presentación en Buenos Aires de Susanne Linke permitió apreciar a una coreógrafa heterodoxa, dueña de una técnica formidable y de puestas donde la obsesiva presencia de “la muerte por agua” -tema de tres de sus cuatro números presentados- muestra a una creadora de un mundo cerrado, desolador, de coherente belleza.

Debe elogiarse al Teatro San Martín que tras las dos anteriores presentaciones de Jennifer Muller y luego las de Pina Bausch y ésta de Susanne Linke ha puesto en contacto al público porteño con algunas de las más interesantes coreógrafas y bailarinas surgidas en los últimos años.

 

P. S.: Aunque parezca un tanto ajena a los motivos de esta nota quisiéramos remarcar lo importante que significa escuchar a través de la danza trozos de composiciones que, por la puesta en escena en la cual se encuentran imbricadas, son valoradas desde otra dimensión, otro lugar; como quien los oye más allá del tiempo y del espacio y la rutina discográfica; parecen puro azar, puro devenir...


La Voz, 8 de agosto de 1983.

 

 


© Ángel Faretta
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