Home Presentación  |  Publicaciones |  Acerca de Ángel Faretta  |  Contacto
Escritos Dispersos

  ALTEMAR DUTRA EVOCABA CAUSAS PERDIDAS

  “Amigo no te vayas que no es hora/ te pido que tomemos otra copa/ yo pago esta noche, yo pago esta noche/ y luego rondaremos su balcón...” Todos recordamos obviamente estos versos de una de las canciones más conocidas –y más bellas- de Altermar Dutra, quien murió el miércoles pasado de un derrame cerebral sufrido mientras actuaba –como es de rigor- en un night club de la ciudad de Nueva York.
    Guillermo Cabrera Infante escribió en su libro de ensayos titulado sintéticamente “O” que “Lucho Gatica es el Séneca del Bolero”. Si esto es así Altemar Dutra era el Montaigne de la canción melódica. Es evidente que no fue un intérprete tan rotundo como el chileno, tan personal como el caribeño Tito Rodríguez, ni tan desmelenadamente capaz de arrebatarse con la pasión como toda una pléyade de boleristas cubanos o mexicanos cuya sola mención nos llevaría toda una edición especial.
   Dutra evocaba las causas perdidas, y si bien no era “un romántico a pesar de”, sí lo era con la puntillosa escrupulosidad de los que saben que un tiempo determinado ya pasó.
  Altermar esto es seguro, nació en la peor época posible –y en el peor lugar- para desarrollar su estilo de trovador. Cuando empezó a cantar imperaba la compacta dictadura de la bossa-nova con su mezcla melancólica de paisajismo y de exaltación de playas soleadas. Cuando promedió su paso por este mundo la música de su país natal estaba sumergida en el furibundo estallido de violentos decibeles del “tropicalismo”, con sus aullantes llamados a la selva y sus coordenadas de atavismo caótico. Claro, también estaba Roberto Carlos, pero esa es otra historia.
  De allí que Altemar Dutra se manejaba mejor en castellano que en portugués y antes que estallen las relaciones diplomáticas de pertenencia y territorialidad, es notorio argüir que el mundo de las canciones de este interprete tenía mayores resonancias para los oyentes de habla castellana –con el buen apoyo de su delicioso acento “extranjero”- que para sus paisanos. Porque precisamente si hay algo que caracteriza al bolero americano es, primero su ineluctable sensación de un destino fatal; segundo su pasional devoción al amor cortés, y tercero y fundamental, su recurrente uso de metáforas sacras. Es decir toda la aventura galante y terrena se corresponde poéticamente con una pasión Celeste.
     De allí, por lo apuntado más arriba, que el castellano era el paraje de expresión necesario para Altemar Dutra (¿no lo es también, más allá de las razones de mercado, para el mejor Roberto Carlos?), devoto cultor de la apasionada melancolía del vino triste.
    Es por demás oscuro saber que puesto ocupará en el tiempo futuro y en las historias de la canción –si es que las hay- alguien como Altemar Dutra. Sí es fácil conjeturar que vivirá en el recuerdo de unos versos tarareados en alguna madrugada. No es poco gloria.

  La Voz 12 de noviembre de 1983.

 

 

© Ángel Faretta
Permitida su reproducción total o parcial exclusivamente citando la fuente.

Teoria del cine
Informes e inscripción: info@angelfaretta.com.ar