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TEMPESTAD Y ASALTO
El nacimiento de la Nación fue un acto romántico


 ¿Qué tienen en común el Sturm und Drang, aquel movimiento artístico alemán que precedió e instauró el Romanticismo, con la Revolución de Mayo? La respuesta la dará desde los primeros días de enero el narrador, poeta y teórico cinematográfico Angel Faretta, cuando alcance las librerías su primera novela, «Tempestad y asalto», cuyo título representa casi la traducción literal del mencionado movimiento, que en las postrimerías del siglo XVIII se había propuesto terminar con la ilustración y el racionalismo.
«'Sturm' es efectivamente 'Tormenta', y 'Drang' es 'asalto', en el sentido de 'impulso'», dice Faretta a este diario. El autor, cuya iniciación en la ficción ocurrió hace tres años con los relatos de «El saber del cuatro», publica ahora una primera novela que, en realidad, dice haber concebido cuando sólo tenía 15 años. «Nunca tuve la duda de que la primera novela que iba a escribir sería ésta, una obra cuyo epicentro estaría basado en la confrontación de dos puntos de vista opuestos».
Con inicio en «una tarde de invierno hacia el año mil ochocientos...» («siempre quise empezar de esta forma, con los puntos suspensivos luego del año, al estilo clásico, y al mismo tiempo, también, para dejar impreciso el año, que es uno de los que anteceden a los acontecimientos de mayo», explica), quienes encarnan esos puntos de vista contrastantes son un joven, llamado Santiago Lenz, y el anciano Serafín Urruchúa, llamado Afín, durante un viaje en calesa desde Luján a Buenos Aires. Los convoca una misión: visitar a un misterioso caballero de apellido Mertens, para quien la alquimia es algo más que un hobby, y que en otros pasajes de la novela también puede llamarse Kleist, como el poeta, y mutar de formas y apariencia. Un caballero, desde luego, de conocido linaje y presencia constante a través de las épocas.
Ambientar una novela en la Argentina de principios del siglo XIX no es tarea sencilla, no sólo por los arcaicos usos y costumbres sino también por el lenguaje, aunque Faretta, cuya prosa y vocabulario se cuentan entre los más ricos en el panorama literario nacional actual, ha transitado por aquellos territorios con calidad ejemplar.
«A veces», recuerda sonriendo «se planteaban interesantes discusiones con nuestros editores. Por ejemplo, el chocolate que toman los protagonistas en La Giralda. No se trata de un anacronismo, una modalidad que además me parece execrable. Sino que en el Buenos Aires de aquellos tiempos ya existía una pulpería llamada así en la que se bebía, según consta, un riquísimo chocolate. Si bien al final del libro aclaro que me he tomado algunas libertades geográficas y cronológicas, nunca llegan a convertirse en anacronismos flagrantes».
Faretta, que publicó pocos meses atrás su recopilación de ensayos sobre cine en la desaparecida revista «Fierro» con el título de «Espíritu de simetría», sostiene que la oposición entre ambos protagonistas refleja una pugna de conductas y modalidades, no sólo como recurso literario sino también como metáfora de los tipos humanos que construyeron una nación. «Lenz es hijo de un jesuita que durante la expulsión de la Orden ocupó la tercera vía, esto es, que ni tomó las armas ni asumió resignadamente la huida, sino que se avino a la integración: se casó con una criolla. La actitud de su hijo es la del aventurero, el explorador, en cambio Urruchúa, un viejo deforme, giboso, es el hombre de gabinete, el de puertas cerradas, el del estudio reconcentrado».
Faretta, con «Tempestad y asalto» se propuso también la «construcción de una novela romántica. El Romanticismo», señala «fue el movimiento contemporáneo, en Europa, a la Revolución de Mayo. El nacimiento de la Argentina, después de las invasiones ingless y la ruptura con España, también fue romántico, impulsivo. Ahora, a los umbrales de la celebración del Bicentenario, creo que esta novela, escrita un poco 'a lo E.T.A. Hoffman', indaga literariamente en esa fuerza de un espacio cultural común».
Desde luego, una novela de esta naturaleza no podría no integrar conspiraciones de toda especie, sobre todo si se tiene en cuenta cuál es el multiforme contrincante de los protagonistas, en un choque que desembocará, sobre las postrimerías del Virreinato del Río de la Plata, en otra de las tradiciones, tal vez olvidada hace tiempo, de la literatura nacional: el campo de lo fantástico. Para ello, la historia forja un extraño Oniroducto, de existencia material aunque esencia metafísica, que acaso justifique aquella eternidad de Buenos Aires que imaginaba Borges.


Entrevista de Marcelo Zapata

Publicado en Ámbito Financiero
Miércoles 24 de diciembre de 2008

Teoria del cine
Informes e inscripción: info@angelfaretta.com.ar