Home Presentación  |  Publicaciones |  Acerca de Ángel Faretta  |  Contacto
Publicaciones

Cinco films Argentinos
FRAGMENTO: Excurso poe-ético

"Edgar Poe y Joseph de Maistre me enseñaron a pensar", declaraba programáticamente Charles Baudelaire, a quien quisiera escucharle, mientras acuñaba el término modernité, tan luego. Ocupándonos -siquiera en este lugar- del primero de tales númenes, es obvio que los tantos elementos y ejes del pensamiento contemporáneo creados y diseñados por Poe no consistieron solamente -cosa ya de suyo pura y clásicamente genial- en el acuñar modos perfectamente adecuados a una época y situación que su primer e inmediato discípulo habría de caracterizar mediante el término -precisamente- de modernité. Más allá de la creación puntual de motivos como el relato policial, la figura del dandy detective, del relato iniciático vuelto aventura fantástica, de la filosofía de la decoración y de la primera y más importante estética del fragmento luego del romanticismo alemán, además de todo eso y de mucho más, Poe acuñó en sus propios textos elementos diegéticos y temas vueltos recursos míticos de los cuales, o a partir de los cuales, abrevaron sus continuadores concientes, autoconcientes e, incluso, los plenamente infraconcientes...

Uno de esos temas fue, con total precisión, el de la doble mujer o, si queremos, el de la duplicidad, binarismo y secesión dirigidas de la condición femenina en nuestros tiempos modernos. En Ligeia, en modo subrayado -aunque es tema oblicuo de muchas otras de sus ficciones- Poe categoriza de manera vática uno de los elementos constitutivos de la modernidad: la división cariocinéticamente mecánica de la mujer en dos entes diversos y a los que se supone contrastantes. La espiritual, vuelta esencia y destilación intelectual masculina (es parte de la propia ilusión inducida el creérselo...), y la carnal, terrena, uránica, que lo atrae -cual sirena concreta y telúrica-, hacia una realización puramente biológica. En su relato, nuestro autor lleva hasta sus últimas consecuencias tal prospectiva, desfigurándola estratégicamente, según su propia calidad, en todos los elementos binarios y epicenos de los que disponía. Pero es claro que la doble unión del protagonista, primero con la ideal Ligeia y luego con la terrenal Rowena, y el final con la primera prevaleciendo sobre la segunda21 marcan un eje temático que es sobre todo, como suele suceder, huella y sendero hermenéutico, de los más apasionantes entre los emprendidos y trazados por Edgar Poe. Este eje temático fue -sin pretenderse ser exhaustivos aquí- seguido por una larga serie de autores entre los que figura en modo singular nuestro Georges Rodenbach, quien, con solo sumar el motivo del parecido físico entre ambas criaturas, empujó hasta una genealogía impensada y fascinantemente derivativa el emblema poeiano. Claro que la posterior genealogía a Más allá del olvido llevaría, tres años después, a una de las obras culminantes del cine y de todo el arte occidental (cosa que ya debe decirse de consuno): Vértigo de Alfred Hitchcock. Aunque no sin atravesar todavía un punto intermedio también debido a un creador argentino. Nos referimos a Marco Denevi y su novela Rosaura a las diez. La que luego fuera filmada -en l956- por Mario Soffici en notable versión con guión del propio escritor.

Cabe consignar que este cuño poeiano tuvo una sutil y hasta arcana continuidad simbólico-figurativa según las diferentes territorialidades de la ecumene occidental. Entre nosotros, la doble mujer o doble imago de la propia Mujer, dividida en una terrena, uránica, telúrica, con sus anejos de oscuridad, bajeza, caos y disolución, y otra alta, inalcanzable, etérea, casi espiritual quintaesencia cerebral, derivó en características y cláusulas por demás particulares y por cierto axiales para entender nuestro propio ideario y simbólica mítica particular.

La uránica y terrena faz de la división de lo femenino tomó los anexos particularmente argentinos de lo excéntrico y luego del extramuro y lo barrial, lo feraz y oscuro e, incluso, lo disoluto. Mientras que la esencial y seudoespiritual se volvió céntrica, blanca, etérea y ya casi transparente; admitamos que algo pavota y cándida para continuar en grado decreciente su banalización cromática y moral...

Para dar un ejemplo -creemos que perfecto- recuérdese cómo en otro film que integra este volumen de estudios -Safo- lo femenino gira iterativamente entre Selva Moreno (Mecha Ortiz), cuyo binomio nominativo es maravillosamente ejemplar sobre lo dicho más arriba entre lo feroz, proteico y lo oscuro, y la rubia y casi desencarnada Mirtha Legrand -al menos por ese entonces-, llamada aquí Irene.

Queremos decir: esa división característica de la modernidad descubierta y teorizada por Edgar Poe derivó modo sui en una suerte de universalia falaz entre las diversas territorialidades y según la imaginería que traía proveniente de su propio pasado y tradición, articulándose en el troquel que se tenía, fundiéndose en una contaminatio propia,23 la que sugerimos estudiar y rastrear hermenéuticamente según el sendero aquí trazado. Y no seguir perdiendo el tiempo con ripios mentales como -para citar el más estólido y socorrido- "civilización y barbarie".

Esta articulación binaria de lo femenino definida según nuestros términos fue -qué duda cabe- muy tempranamente desarrollada y con sutil variedad por la propia poética y simbólica del tango. Allí sufriría una segunda y hasta tercera división emblemática mediante dos topoi fundamentales: la vuelta, el regreso de la imagen temprana perdida, y la consiguiente disolución fantasmal de esa misma imagen a través de una nostalgia rencorosa que la nimba de una deletérea fascinación demónica.

El Hugo del Carril que fuera también temprano cantor de tangos y actor protagónico del padre del cine argentino, Manuel Romero, sería el encargado de llevar -fundado en estas condiciones biográficas y mediante el plus incalculable del genio- tal plano significativo -ya vuelto mitologema particular- a su primer y más pleno grado de fulguración autoconciente. Con Más allá del olvido tal troquel suma y engloba -sintetizándolas- todas las particularidades anteriores de nuestra propiedad imaginativa, con el agregado único de ser todo eso llevado hasta confrontarle una articulación histórica contemporánea al rodaje.

Volviendo a la primera parte, cuando Arellano se encierra en su casona y vive vampíricamente de su propia subjetividad vuelta mitología hogareña, eso lo hace agotarse doblemente en su potentia; ya que esa cerrazón en lo particular y lo subjetivo para libar la esencia de lo muerto e inerte -típica del posromanticismo europeo- se decanta, agigantándose teratológicamente en el movimiento especular de ese grupo patricio cuando, de este lado de las cosas, ese mismo grupo social puede y debe cumplir una función fructificadora. De allí -como breve excurso- puede medirse de consuno la ya dilatada dificultad cuando se intenta, en paralelo, comparar situaciones europeas dadas en lo político con las otorgadas en simetría histórica de este lado. Si allí al patriciado desplazado por la gris y opaca burguesía liberal solo le queda -en lo estético- la sumersión en paraísos artificiales sobredimensionados y vueltos sectas estéticas y, en lo político, tan solo el nombrar como "filistea" a la misma burguesía, de este lado del Atlántico -o de este lado atlántico de lo europeo como lo es estrictamente la Argentina-, se mezclan y confunden en modo caótico los derivados históricos de situaciones políticas e ideológicas europeas. Así, por ejemplo -y para no extendernos en este lugar-, ítem como progreso y conservación, o reacción y revolución, deben ser -y como sugerimos aquí a partir de lo que nos ocupa- desglosados hermenéuticamente para comprender sus particularismos y sobre todo sus diferencias productivas.

 



© Ángel Faretta
Permitida su reproducción total o parcial exclusivamente citando la fuente.

Teoria del cine
Informes e inscripción: info@angelfaretta.com.ar